Francisco Rivero
Me
encuentro pasando mis vacaciones estivales en Málaga, la capital de la Costa
del Sol, que cada año por estas fechas está llena de turistas españoles y extranjeros.
Solo un dato: El aeropuerto de la ciudad es uno de los más importantes de España,
junto a Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca. En el mes de julio transportó a
más de tres millones de pasajeros, de los que más de 2,5 millones lo hicieron
en vuelos internacionales, siendo los británicos con mayor número, superando
los 700.000. Un dato más, la provincia de Málaga tuvo el año pasado más de 14,5
millones de turistas que dejaron cerca de 21.800 millones de euros.
Escribo
esta crónica -el 15 de agosto- el día más festivo en España, con más de 1.500 localidades
en fiestas de los 8.132 pueblos y ciudades que tiene este país. Por citar solo tres: Madrid celebra el día de
la Virgen de la Paloma, que la procesionan los bomberos de la capital; Sevilla
su Patrona, la Virgen de los Reyes y Elche, en la provincia mediterránea de
Alicante, tiene el Misterio de Elche, dedicado a la Asunción de la Virgen María
y organiza, desde 1370, un singular acto religioso en la Basílica que está
considerado Patrimonio de la Humanidad, como lo es la Semana Santa de Malaga,
de Interés Turístico Internacional. De hecho, Málaga está en ferias de verano,
con una feria en el centro histórico de la ciudad y otra en el ferial, al
oeste, situada cerca del Palacio de Congresos.
En
el centro hay pandas de verdiales, con un cancionero auténticamente malagueño,
y en el ferial denominado “Cortijo de Torres”, hay cerca de 200 casetas, donde
se come y bebe la típica gastronomía malagueña a base de fritos y un vino
finito y cantes flamencos, además de desfiles de caballos y enganches de coches
andaluces. Todo muy típico.
Claro
que Málaga es una ciudad histórica que fundaron los fenicios llegados del actual
Líbano, en la parte oriental del Mediterráneo, con el nombre de Malaka. Por
aquí pasaron otros pueblos y civilizaciones como la romana y la musulmana, dejando
sus propias culturas en el lenguaje el arte y la gastronomía.
Para
los que quieran conocer la ciudad cuenta con una preciosa alcazaba (castillo)
árabe del siglo XI, una catedral del XVI, a la que los malagueños llaman la “manquita”,
ya que solo tiene una torre; la otra se dejó de construir y con su dinero se ayudó
a los hoy norteamericanos a independizarse del Reino Unido de la Gran Bretaña.
Por cierto, en el pueblecito de Macharaviaya, de poco más de 500 habitantes, nació
Bernardo de Gálvez, que tuvo una destacada actuación en la independencia de los
Estados Unidos durante la batalla de Pensacola, en mayo de 1781, por eso su retrato
está en la Sala de los Fundadores de la nación norteamericana en el Congreso de
USA y hace unos años el presidente Barack Obama le otorgó el título de Ciudadano
Honorífico de los Estados Unidos. Terminó su vida como virrey de la Nueva España,
(México, pero cuando México era el doble de grande que ahora).
Otro
de los grandes personajes de la ciudad de Málaga es el reconocido mundialmente
pintor, Pablo Ruiz Picasso, conservándose en la Plaza de la Merced su casa natal
y en el centro el interesantísimo Museo Picasso. Málaga ha atraído a muchos por
el turismo cultural, no en balde en su término municipal hay más de 30 museos, destacando
el Museo de la Aduana, el Museo Ruso y el internacional Centro Pompidou, en
pleno y turístico muelle 1.

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